Reseña sobre “El Orden Divino”, película proyectada en el Festival Eurocine.

El Orden Divino

Petra Biodina Volpe

 

¿Es tan difícil entender que la felicidad no es completa con una casa llena y el calor familiar? Nora es una madre de familia joven, está felizmente casada, pero ella aspira a más. Quiere viajar y conocer otros lugares, algo que en su marido se traduce como querer unas vacaciones, pero no, ella lo que quiere es ser libre, libre para pensar y hacer las cosas con las que se siente realizada. Pero las mujeres tienen la libertad limitada, son libres, mientras quieran ser esposas y madres. Es eso lo que dice la Biblia, porque a la final, por qué necesitarías más.

“El orden divino”, ubicada en 1971, año en el cual en Suiza las mujeres todavía no tenían derecho al voto, nos muestra a través de Nora como, a pesar de que una mujer haya estado feliz con su vida, su acciones eran limitadas legalmente por su marido. En un tono liviano y divertido, nos encontramos con distintas situaciones donde las mujeres que además de no tener voto, pocas veces tienen voz.

Es un tema importante, no porque históricamente cambio las cosas cuando las mujeres conseguimos el voto, si no por que lamentablemente la lucha feminista está muy lejos de terminar. La película al ser graciosa vuelve estos momentos más fáciles de digerir, y con una posibilidad distinta de llegar a aquellos que se oponen a esta lucha. En partes las situaciones planteadas se vuelven un poco obvias, se pone al espectador desde el principio a favor de la protagonista, de su causa. Lo que provoca que no exista una duda y un debate interno para lograr entender desde un punto de vista personal, sin embargo es un buen inicio para explicar el feminismo, aclarar ciertos mal entendidos y prejuicios q se tienen sobre el feminismo.

Nora es feliz siendo madre y esposa, no tiene ninguna intención de abandonar a su familia, ama y respeta a su esposo. No, la familia no es lo que le molesta a Nora, lo que le molesta es no poder decidir sola si trabajar o no, tener que depender de la opinión de su esposo para poder hacer algo más que cuidar de la casa, tener que vivir bajo las decisiones de los hombres. Sobre todo lo que le frustra es entender que en esta sociedad patriarcal la mujer no es más que madre y esposa, y ella se siente mucho más.

Durante la película vamos viendo como Nora va cambiando su pensamiento, como va abriendo los ojos a este mundo injusto y sobre todo como poco a poco decide cambiarlo. Este cambio se va notando en su forma de verse, pero también en su forma de mirar. El trabajo en conjunto del departamento de vestuario y maquillaje, y el de actuación logran cambiar por completo al personaje. El cambio de peinado y de ropa apoyan exteriormente, pero el trabajo de Marie Leuenberger denota un cambio interno. Con detalles muy sutiles vemos un cambio en sus expresiones, en su mirada, e incluso en las escenas que vuelve a su ropa tradicional, sentimos una persona distinta.

Nora, con el apoyo de Vroni, empieza a movilizar a las mujeres de su pueblo, organizando una asamblea para explicar la necesidad del voto. A dicha asamblea llegan muchos hombres dispuestos a terminar con la iniciativa, y todas las mujeres deciden callar. Gran parte de ellas, más tarde confiesan estar a favor del sufragio femenino, sin embargo votan en contra, por miedo, por el qué dirán. Sin embargo también hay el personaje de una mujer que está en contra del voto de la mujer, este personaje, tan real, es dónde más preguntas se crean.

La película está ambientada en 1971, donde el adoctrinamiento machista era más fuerte aún, y sin embargo, seguimos encontrando a este personaje en la sociedad de hoy. Pareciera irreal que alguien pueda decir que está en contra de tener más derechos, que alguien decidiera no pelear por una justicia, que alguien prefiriera pelear por no salir nunca de una cárcel. Es increíble pensar que existe, y esa existencia es la que hace que la lucha feminista sea más difícil aún.

Hoy en día las mujeres que se declaran anti feministas ya no dicen que no necesitan votar, pero mantienen que existen roles de género en la sociedad. Las mujeres son las primeras en cuestionar como iba vestida una víctima de violación y en creer que es justificable una paliza cuando el hombre estaba alcoholizado. La sociedad patriarcal lavo tan bien las cabezas de todos, que siglos después del inicio de la lucha feminista, todavía aquellos que se oponen, mantienen los mismos argumentos. La naturalidad de las cosas, y el funcionamiento de la sociedad es como es y punto. ¿Pero cómo es posible que una mujer que ha sufrido igual que todas, que tiene sueños, que quiere crecer diferente, siga atacando a aquella que se paran a gritar en contra de esta sociedad que nos aplasta?

Hay varias razones, pero una de las principales es el miedo, el miedo a tener que incomodarnos. En una sociedad tan machista como es la ecuatoriana, declararse feminista es un acto de rebeldía, es casi como decir que eras comunista en Estados Unidos durante los 50s. Porque ahora las feministas somos esas mujeres que no saben cual es su lugar en la sociedad, que vinieron a acabar con todo y a desordenar. Por lo tanto ser feminista se ha convertido en ser un paria, la sociedad no nos quiere tanto, pero es necesario y no podemos parar. Pero no todas tienen la misma fuerza, no porque no sean fuertes, si no porque pelearte con tu padre, tus hermanos, tíos y abuelos no es cómodo. Darte cuenta que tu novio no te trata bien, dejarlo y saber que es probable que no encuentres a nadie que no tenga nada de machista, decidir no volver a cambiar para que te den trabajo y estar sin plata por mucho tiempo, no es fácil. No es fácil cambiar el mundo, pero cada vez se vuelve más y más necesario.

En la película vemos muchas situaciones machistas, pero la mayoría son “solventables”, los micro machismos, cosas que ya han dejado de pasar, o cosas que todavía la gente está de acuerdo. Por ejemplo llamar la “bicicleta del pueblo” a la chica que tiene una vida sexual libre. Todas cosas que llevan a daños irreparables, mas no presenta situaciones extremas, como violaciones o femicidios, lo cual hace que nos demos cuenta cuan cotidiano es el machismo en nuestras vidas. Esos momentos “sostenibles” son los que conllevan a la violencia, mostrándonos por qué es tan necesario pelear desde la vida de cada una, y afrontar el tener que ayudar a entender y cambiar a los hombres que viven a nuestro alrededor.

Desde un punto de vista obviamente feminista, vemos un trabajo de dirección perfecto. Buscando planos que se vean estéticos y hermosos, pero sabiendo cuando sacrificar la belleza por planos que cuenten lo que necesitamos ver. Se nota una propuesta solida, desde la fotografía y el arte, donde los colores se van transformando a medida que nuestro personaje va creciendo.

Una película necesaria, que nos lleva a entender los problemas sociales de una manera divertida y ligera. No es necesario hablar de temas profundos en un tono profundo.

 

 

 

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