Cuando estudiaste cine y volviste el audiovisual tu profesión, es casi imposible ver una película y no fijarte en como está hecha. Fijarte en como es la foto, si el arte te convence, o si las actuaciones cuajan. Es parte de tu trabajo y se vuelve tu modo de vida. Me imagino que si un arquitecto entra a una casa que nota que se va a caer, deja de ver el color de las paredes y empieza a ver la construcción en si. En fin, tal vez mi ejemplo es malo, en parte porque no sé nada de arquitectura, pero me refiero a esa sensación de estar siempre metido en lo que haces, y en por qué algo funciona o no.

Todos aquellos que trabajamos en cine, nos arruinamos un poco la vida, porque es realmente difícil ver una película, sea buena o mala, sin buscar los por menores de su realización. Con películas que tienen algo cercano se vuelve más complicado aún. Cuando veo cine ecuatoriano, tal vez en un intento de mejorar, de hacerlo bien, me es más difícil meterme en la historia y olvidarme de la realización, la verdad no me pasaba hace mucho.

Hoy fui a ver Agujero Negro, película dirigida por Diego Araujo. La película ocupa un formato arriesgado, es en blanco y negro, y en 4:3, o sea como era la tele antes, y sin embargo nunca te detienes a pensar en que eso está pasando. Es completamente refrescante poder disfrutar de la historia.

Me voy a sacar la espinita, y decir que es una película hermosamente realizada, una fotografía precisa, un arte que está en donde debe estar, actuaciones que te hacen creer a los personajes, se nota un trabajo de dirección muy pensado y un montaje que apoya, todo esto en función de la historia, en fin, una realización que está tan bien, que no se siente. Porque no necesitas quedarte pensando en el plano extraño que acabas de ver, porque esos planos poco convencionales, son usados el momento exacto y de la manera perfecta, lo único que tienes que hacer es ver la película y disfrutar.

Es una película que se deja ver con facilidad, y por fin deja de tener un estigma de “nacional”. La historia trata sobre personas y la situación del país no importa. Si bien también tiene cargada mucha crítica social, es un retrato de un hombre que pudiera vivir aquí, como en Asia. Es una película universal, divertida y que deja a lado las pretensiones de querer “cambiar el mundo”.

No, Agujero Negro no quiere mostrarle al mundo la sociedad catatónica en la que vivimos, tampoco denunciar la corrupción que nos invade, y por fin deja atrás al adolescente y las peligrosas drogas. Esta película solo quiere mostrar lo que todos alguna vez en la vida sentimos, que todos podemos fracasar, y de alguna manera, todos lo vamos a hacer en un momento dado.

Tal vez yo este pasando por esa edad, donde el mundo te dice que debes ya ser un adulto, pero todavía no quieres, la verdad todavía no entiendes bien que es eso de ser un adulto. Ese momento donde sientes que ya deberías haber logrado algo, y lo poco que has hecho no es suficiente, para la edad que tienes. Entonces en un último intento, te aferras a la juventud que se te va de las manos para no sentir que ya tienes que crecer.

No sabemos bien que es ser adulto,  y no es nuestra culpa, vivimos en una generación que todo fue más fácil en la niñez que para nuestros padres, pero ahora que tenemos que crecer todo se volvió más difícil. El mundo está en crisis y cada vez somos más personas buscando un trabajo, cada vez hay más que pueden hacer lo mismo que tu.

Además, crecimos pensando que si queríamos podíamos, y que conste, yo nunca fui una niña mimada, pero mi mamá me ha apoyado en todo de manera incondicional. Así también fui yo quien decidió estudiar cine, en vez de una carrera “de verdad”. Pero no solo es uno quien se abstiene de responsabilizarse, es el mundo también nos quita responsabilidades, nos tilda de “millenials” y deja que sigamos sin ir a ningún lado. No, la idea no es justificar el comportamiento un poco idiota que esta generación a tenido, pero los “grandes” parece no interesarles vernos como adultos tampoco.

Hay un punto preciso en la película que hace que Victor nunca sea parte del embarazo de la manera que debería ser, y si, es culpa de Marcela. Todavía no me linchen…

Marcela es la adulta de la relación, obviamente ella entiende la situación mejor, y está muy clara en que su pareja no está siendo un adulto, que seguramente no está listo para lo que se viene. Pasa la película quejándose de que él no está presente, no está con ella, de que ella está sola. Él es un tipo que está metido en su nota de escribir, de ser el mejor, y la verdad, de no encontrarse dentro de ese embarazo, él no es parte.

Ahora recordemos como se enteró él de la noticia. A Victor su esposa le cuenta que va a ser padre, como le cuenta a sus tíos que ella va a tener un bebé. Desde el principio ella le está sacando de la situación, el embarazo no es de los dos, es de ella, y ella exige que el sea parte. Insisto, no estoy justificando el comportamiento infantil y despegado de Victor, pero como esperan que una persona se sienta dueño de una situación, si desde el principio no se lo contaron de verdad a él, se lo hicieron saber de una manera indiferente e impersonal, en la cual le dijeron “tu no decides nada”.

Victor tiene nueve meses para ser parte de esto, y lo que sigue ya es su decisión. El sigue siendo egoísta y centrado solo en su sueño, no se da cuenta de que su vida ya es otra. Igual creo, que el inicio de las cosas marca mucho el comportamiento que tiene el personaje.

Victor Arauz hace un trabajo espectacular al personificar a este escritor, que tal vez, nunca lo logre triunfar como el espera. De cierta forma, quieres pegarle todo el tiempo, pero a la vez te vez reflejado en él. Es insoportable, pero gracioso; un poco tonto, pero interesante, y lo que a mi más me gusto, es esa torpeza con la que vive.

La película es divertida y emocionante, tiene un aire romántico que te recuerda un poco a Woody Allen, a ese absurdo que es la vida. Merece la pena verla, y sentirse parte de este mundo que tan poco sentido tiene a veces.

 

 

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